Ahora que se acerca la Navidad, y que todos andamos como locos buscando una salida a la crisis, debemos referirnos a los más afortunados que dedicarán parte de sus vacaciones de invierno a viajar, en busca de las vacaciones perfectas. En dicha búsqueda, cada año, hay destinos clásicos que no por reiterados deben perder valor final.
Uno de esos destinos, es Disneyland París, posiblemente uno de los rincones sobre la tierra más recomendados en lo que se refiere a vacaciones de Navidad pues si ya habitualmente nos encontramos ante un lugar repleto de magia y fantasía, qué podríamos esperar de ese mismo lugar, en la época del año en que parece que está permitido soñar.
La oferta de alojamiento en esta época es perfecta, pues a los precios habitualmente competitivos de Disneyland París se une la posibilidad de acogerse a packs de noches gratis, alojándose claro está en uno de los entrañables y muy recomendables hoteles del parque.
Del mismo modo, la ambientación, los actos especiales y demás, suponen todo un lujo para los más pequeños y para los no tan pequeños, simplemente aquellos que no quieren dejar de creer en que, al final, los sueños se hacen realidad y los cuentos, siempre tienen finales felices.
Desde aquí, recomendar encarecidamente el que se miren con detalle los precios, las ofertas, lo que supone Disneyland parís en Navidad, y se busque la manera de llevar a los más pequeños y dar una oportunidad a los adultos de pasar unas navidades mágicas en plena época de crisis.
Existen algunas cosas en la vida que uno asocia, instintivamente, a dinero y confort. Si hablamos de champán, caviar o jacuzzi, por ejemplo, nuestra mente e imaginación se disparan a lujosas escenas al alcance de muy pocos y casi siempre ligadas a cantidades “obscenas” de dinero.
¿Somos ahora más ricos, o son los cruceros más baratos? Posiblemente una mezcla de las dos cosas y también una mejor labor de promoción e información. Se tiende a pensar que un viaje en crucero no es más que subirse a un barco y recorrer el mar. Sin embargo, la visión cambia si entendemos un crucero como lo que es, un medio de transporte, un hotel y todas las excursiones y actividades que compraríamos también en Tierra de alojarnos en un complejo turístico.
Llega la temporada estival y con ella se sucede el aluvión de tradiciones que desembocarán en un nuevo septiembre y vuelta al trabajo. El ritual comienza como todos los años, con los medios de comunicación informando de “número de desplazamientos esperados”, de la “capacidad hotelera al x por ciento”, y por supuesto de las típicas y acostumbradas “recomendaciones para no tener problemas en vacaciones”.
Un Lunes uno corre para no perder el autobús y meterse de lleno en un atasco… al siguiente, uno madruga y corre para plantar la sombrilla en la arena y meterse de lleno en un atasco de gente… dos hechos agobiantes y estresantes que, sin embargo, deberían contar con una filosofía detrás muy diferente. Parece que es sustancial al ser humano las prisas, los malos modos y el estrés… y en ocasiones da la impresión de que lo único que cambiamos es el escenario, puesto que el resto de actitudes son exactamente las mismas.