Hay muchas primeras veces en la vida. El primer amor, el primer coche, la “primera vez”… y por supuesto, también están las primeras vacaciones con nuestra pareja.
Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los momentos más impactantes dentro de la relación. El primer viaje, la primera salida y en muchos casos la primera convivencia continua. No se trata de ir al cine, no se trata de cenar, de pasar un día entero juntos o de estar continuamente pegados al teléfono móvil…no, se trata de subir a un coche, avión, tren, y pasar un tiempo determinado 24 horas al día con tu pareja.
A todos los niveles, social, emocional y sexual, se produce un cambio que no estamos acostumbrados a vivir en nuestro día a día, y eso, pone a prueba mucho de los resortes de la pareja. Como normal general, podemos concluir que este tipo de experiencias siempre ayudan a que la pareja salga mucho más reforzada, pero es cierto que en ocasiones, este refuerzo no es tal, y nos encontramos ante un acontecimiento que puede hacer tambalear los cimientos de la relación.
Por eso, es siempre importante que ese primer viaje, que ese primer tiempo juntos, se realice desde la madurez y con ganas de pasarlo bien y divertiste y en ningún caso como prueba o test para nada. Si se va con el freno de mano echado y con la idea de ir analizando hasta el último detalle del comportamiento de nuestra pareja, los resultados pueden ser horribles, tanto a nivel turístico como, y más importante, sentimental.