Una clásica tradición española de las vacaciones son las fiestas de los pueblos. Coincidiendo con el Verano o con los últimos rayos del mismo, la geografía española se llena de festejos populares que, por lo general, se repiten casi con exactitud en todos los rincones del país. De hecho, salvo el nombre del pueblo y alguna tradición que varía, el panorama suele ser el mismo e incluso en ocasiones, los participantes, también.
Existe la costumbre de participar no solo en las fiestas locales, sino en las fiestas de los pueblos vecinos, con lo que al final, cada pueblo alimenta con sus fiestas a las de los cuatro o cinco más cercanos, y así sucesivamente, constituyendo una manera de pasar las vacaciones o los fines de semana de los últimos días de Verano, en una fiesta continúa.
A menudo, se tiende a ignorar este tipo de turismo, este tipo de movimientos vacacionales por no gozar de la fama ni la popularidad que los “glamourosos” viajes en avión, tren y demás. Y si bien es cierto que no tienen el impacto económico que acostumbran a tener los turistas en general, no es menos cierto que constituyen un tipo de turismo más temporal y más concreto que el habitual, pero turismo al fin y al cabo.
Y sobre si son vacaciones o no, pregunten a aquellos que pasan de pueblo en pueblo, que viajan de camino en camino, con la siguiente pachanga, peña y festejo, en el horizonte.